Entrevista a Joana Arrom

ENTREVISTA A JOANA ARROM

-“¿Quién es Joana Arrom?”

-“La Joana Arrom es una señora que hará 69 años y que lleva trabajando desde los 13.

Siempre me ha gustado trabajar. He sido muy activa y ambiciosa ya que cuando estaba de dependienta siempre he querido montar mi propio negocio, y lo conseguí. Poco a poco fui tirando, haciendo años hasta que nació mi hijo.

Mi hijo empezó conmigo a trabajar porque en la escuela no le iba demasiado bien. Me enfadé con él y le dije, plato boca abajo, si no hay trabajo, no hay comida.

Recuerdo una charla con el tutor (profesor) de mi hijo que me decía –‘Llévalo al mercado que ya verás que en dos días se cansará y volverá al colegio’.

La realidad fue que mi hijo tenía suficiente valor y coraje, y no le gustaba que le mandaran.

No necesita ni despertador, es una ‘bestia’. Y Ahora tampoco hace falta que nadie le mande.

Josep empezó a trabajar de mozo con un señor al que le llamábamos ‘Sr. Mani de Santa Caterina’ porque en mi parada no nos llevábamos bien. Para el Sr. Mani, durante dos años, desde los catorce hasta los dieciséis, Josep era el mozo que llevaba el carro con unos cubos de plástico desde los cuales, a veces, se le caía algún pescado al suelo. Era muy jovencito y le ayudaban a veces. Descargaba el camión, preparaba el hielo, montaba la parada… Luego se ponía a vender y cuando acababa, fregaba toda la parada. Era un mozo para todo, y así empezó.

Más adelante, cuando ya volvió a trabajar conmigo después de la jubilación del Sr. Mani, recuerdo que un día, cuando no había mucho trabajo, iba a bares y restaurantes de la zona donde le dijeron –‘Si me limpias unas sepias pequeñas, te las compraré cada día”.

Josep empezó entonces con 4 o 5 kg y más tarde ya comenzó a preparar entre 10 y 15 kg de sepias pequeñas: todas las mañanas pelando.

Ahí se le empezó a destapar el gusanillo de la hostelería: un día era la sepia pequeña, otro día le hago el calamar, ahora le traigo un pescado… de esta manera comenzó todo.

Comenzó a servir a restaurantes, restaurantes y más restaurantes. Se fue ‘picando’ y empezó en Mercabarna con una sorella, un bonito… Al principio no le querían vender porque había gente más importante que él. En la vida hay que ser muy humilde porque da muchas vueltas. Esta gente que le negó un pescado a mi hijo resulta que ahora le compra de forma directa a las 2 casillas (espacios de venta) que tiene en Mercabarna. Él supo seguir adelante.

Josep siempre está con el móvil haciendo búsqueda de donde puede venir un producto o género “X”: que si de las maldivas, que si de Méjico, que si del Congo… Encuentra pescado por cualquier rincón del mundo. Este chico tiene un cerebro que yo no lo entiendo. Todo esto sentado en el sofá. Desde ahí hace negocios y está trayendo pescado desde cualquier sitio.

Ahora Josep estuvo de viaje en Marruecos, también se fue a Méjico, a los Estados Unidos, a San Diego… y de allí, volverá aquí. Lleva unas horas de avión y coche… que no sabe ni donde está.

Y ahora cuando vuelva, que aún no se ha despejado, se irá a Bruselas, pero después debe de ir a Cartagena… y así es su vida.”

 -“¿Qué año se abrió la parada? ¿Cuándo empezó la familia Arrom a vender pescado?”

-“La familia Arrom en la parada fui yo. Porque mi madre y mi abuela vendían por la calle en el Carrer dels Ambulants. Mi madre tenía un puesto fijo y entonces se apuntaban motes. Como mi abuela era de Murcia, le ponían Cartagenera y en Mercabarna la recuerdan así. Y aún quedan algunas pocas personas que aún me llaman a mí… ¡Cartagenera!

Y yo digo ‘¡huy! ¿pero de donde ha salido esta persona llamándome con este mote, si hace tanto tiempo que ya no lo usa nadie?”

Pero cuando empezó a cambiar todo… como dios manda… como digo yo, con tu nombre, apellidos y, por lo tanto, quien puso el nombre de Arrom fui yo. Que Arrom viene de mi padre, mi padre era mallorquín, y es por eso por lo que tengo ese nombre de Arrom, mallorquín… que viene de judíos…”

-“¿Sois la 3ª generación de pescaderos?”

-“La 3ª No, más. Mi abuela, mi madre, yo y Josep.”

-“Entonces es la cuarta generación…”

-“Sí.”

-“¿En qué año entrasteis al mercado de Santa Caterina?”

-“Yo cuando empecé en este mercado tendría unos 14 años, 55 años hace. En esos entonces venía mi madre, que estaba delicada, pero mi padre era bastante pasota… no era ambicioso como nosotras, mi hermana y yo.

Cuando me casé, mi madre me regaló la parada. Una paradita como esta mesa de grande.

Ya que antes las paradas eran eso. Eran nidos, no eran ni paradas. Yo con esta paradita iba trabajando, trabajando… Mi marido trabajaba de mecánico electricista.

¡Y hubo un momento que necesitaba ayuda ya que compre dos paradas que estaban al lado mío y fueron las paradas más caras de santa Caterina, las mías!

Pero yo soy igual de tozuda que mi hijo y si no tenía esas paradas, no quería ninguna. En aquella época pague 3.000.000 pesetas por ellas, que una parada te la daban por 500.000 y trabajando, trabajando, la cosa fue hacía arriba.”

-“¿Tienes fotografías de la época de tu madre o tu hermana?”

-“Las tenía, pero me las han pedido tanto que ya las he perdido. Ahora tengo una de cuando estaba en la parada, cuando mi hijo trabajaba conmigo. Cuando tenía el pelo largo y estaba delgado jajajaja…”

-“¿Como ha cambiado el mercado desde que abriste?”

-“No tiene nada que ver, ha cambiado mucho… cuando empecé a trabajar, la gente tenía que ir al mercado para comprar pescado, carne, fruta, verdura, no había supermercados.

Como mucho, había el colmado del barrio, una paradita de fruta, una pequeña pollería, pero casi nada.

Actualmente a la gente cada vez le cuesta más ir al mercado. Se van al súper ya que está abierto hasta las nueve de la noche. Coge lo que necesita, incluso cosas que tal vez ni sabían que necesitaban… Incluso los padres tienen la opción de dejar los niños jugando en los parques de los establecimientos. La gente luego va a casa con bandejas y la calidad no es la misma. Además, barato en el súper no es, de hecho, es más caro que en el mercado en muchas ocasiones.

Recuerdo que antes, por navidad, se vendía el marisco a toneladas, sacos y sacos de mejillones… al menos 30 sacos de mejillones en un día. Ahora ya no se venden ni dos.:

– ‘Que me lo puede rascar los mejillones?’

-‘¿Como? Pero si eso se lava y ya… como le voy a rascar los mejillones, aquí no rascamos nada’.

Antes había la gente trabajadora y la gente rica. Ahora todo el mundo viaja, hay algunos que viajan muy bien y otros muy mal. También es verdad que la gente no tenía las mismas oportunidades que ahora. No había ni tarjeta de crédito para pagar. Igual pasa con la gente que se va a esquiar, antes iban solo los ricos, ahora puede ir cualquiera.

Pero entonces ves que se van a comer un bocadillo porque no pueden para un menú.

En el mercado, mientras voy echando pescado en la balanza, la gente me pregunta –‘¿por cuanto voy ya?’, porque no se quieren pasar de presupuesto. Ha cambiado mucho la cosa.

Antes el día de la madre, Navidad, las fiestas señaladas… eran siempre en casa. Ahora se celebran en restaurantes.

El día de las elecciones generales, fuimos almorzar a Castelldefels, al Torreón. Le pregunté al camarero, que le tengo confianza:

-‘Oye César, vaya dos mesas has puesto’

-‘Sí, tenemos dos mesas enormes. La gente acaba de venir de semana santa, y ahora el día de votar vienen aquí.’

(…)

-“Ahora que hablas de mejillones… ¿Cuál es tu pescado o marisco preferido? ¿Y cómo lo prepararías? “

-“Depende mucho de lo que quieras hacer, las almejas me gustan mucho, un pescado al horno me gusta mucho, unos chipirones con cebolla rellenos me encantan. Depende de lo que quieres hacer… ¡¡Una buena zarzuela!! Un arroz hervido, mira que sencillo… con unos cortes de rape, ajo, perejil y un poco de aceite y está buenísimo…”

-“A parte de lo que a ti te gusta… ¿Qué es lo que más te demandan en la parada?”

-“Aquí lo que vendo mucho es atún, lenguado, sepia, calamares y el rape y la merluza es lo que más se vende.”

-“¿La gente tiene cultura de atún?”

-“Ahora está integrada, sobre todo gracias a los japoneses.

Para crudo si, para un sashimi. Existe el Bluefin y el Yellowfin. Un es más graso, que es el bueno, el más caro y el otro no es malo, pero no tiene ese paladar… ese gusto cuando te lo pones en la boca… es como el jamón… la grasita es lo que hace que uno sea más bueno. Pero claro, dicen –‘huy que caro’…

Pero tenemos la fama de que no engañamos. Damos la opción de los dos tipos de atún, no damos gato por liebre. Aquí lo tienen con un precio o con el otro. Mi hijo vende muchísimo atún.”

-“En Arrom, Josep, siempre dice que el ADN de la empresa es que por mucho que distribuyamos grandes cantidades, siempre el origen lo tiene muy claro y el corazón (raíces) está aquí, en santa Caterina. ¿Eso se lo has inculcado tu?”

-“No, ha sido él. Porque el empezó en el mercado y ha visto a los pequeños pescaderos, que somos nosotros, que trabajan diariamente, que van a buscar el pescadito con su furgoneta, que da 400 vueltas para comprar pescados, que los pesan, los cargan, se los llevan, vienen aquí, montan la parada…. Solo eso ya son 4/5 horas de faena… y claro aquí el pescadero está aguantando horas y horas trabajando. Josep quiere en todo momento apoyar al pequeño pescadero, al mercado.”

-“Hablado de todo esto… ¿Como crees que se presenta el futuro para la parada de santa Caterina y en general al pequeño pescadero?”

-“Mi hijo aquí empieza una nueva etapa muy arriesgada en este momento, haciendo una parada con un mostrador con cámara y además con vitrina. Eso es un gran salto, es la primera parada así en Barcelona.

Además, tenemos un sitio para poder hacer preparados, para crear porciones más pequeñas, sin espinas y con etiquetaje para saber el origen del pescado, la fecha de caducidad etc… Con personalización del producto porque de esta manera, por ejemplo, una pareja joven que quiera una cena especial no tenga que llevarse una pieza entera, con el objetivo de que haya más comodidad para las personas.

Mi hijo quiere controlar des de su origen, hasta que llega a la nevera, todo el canal de distribución (lo llaman trazabilidad).

Básicamente sería la máxima calidad actual con el trato próximo que encontramos también ahora con la pescadera: los consejos del tipo –‘tengo una cena, ¿qué me consejas?’”

-“Y la dependienta te dirá lo mejor que tiene –‘hoy no te quedes esto, quédate lo otro…’”

-“Sí, eso se hace con nuestros clientes. Además, a ese señor o señora se le servirá el pescado a su casa si no puede venir al mercado.”

-“Es un servicio que se basa mucho en la confianza del cliente… -“

-“¡Exacto! la importancia de la comunicación, la conversación con el cliente es muy importante.

Además, Arrom quiere quitar todo el plástico de los empaques, todo el poliespán, todo lo quiere de cara a un futuro más sostenible. Mi hijo ha invertido en publicidad, en cajas, con el logo, en papel…”

-“¿El servicio no debe de quedarse un simple –‘¿Que quiere señora?’ “

-“Quien ofrezca un servicio con los guantes sucios, hable mal a la gente, los tire de cualquier manera, morirá. En el mercado solo tiene cabida la gente que verdaderamente vale. Hay que cambiar el chip (la metodología).

De hecho, mi hijo me ha hecho cambiar a mí: yo no trabajo como antes. En la parada ahora siempre les enseño a poner el papel bien, a limpiar los guantes más a menudo, trapos limpios constantemente, cuchillos siempre limpios… En esto siempre estamos muy encima de nuestros empleados.“

-“Para una persona que hace tantos años que trabaja en esta parada, para mucha gente retirarse sería nostálgico ¿te hace ilusión el futuro que viene con esta remodelación? ¿te hace ilusión?”

-“Sí, me hace mucha ilusión, muchas veces me emociono aún porque siempre tengo que pasar por debajo del mostrador para entrar en la parada y me cuesta mucho… ya que me pilla mayor… que puedo estar… ¿1, 2 años más?

Y otro problema es que la espalda no la tengo en perfectas condiciones. Además, las piernas ya empiezan a fallar. Tengo mucha ilusión y mucha tristeza, el día que tenga que salir… (se emociona) lo pasare mal…”

-¿Esta nueva parada no te dará la oportunidad de no trabajar tan duro, pero poder estar presente de otra manera?, aportando experiencia, conocimiento, llevando el espirito de la Joana.

-“No lo sé, pero una cosa esta clara, los años pesan. Yo puedo estar un día, pero para estar al frente, con 70 años que quieres que haga ya…

Tenemos que ser conscientes. Mi hijo me dice: -‘Mamá, que te entierren aquí en la parada ya… jajaja.’

Claro, a mí me da mucha tristeza tener que terminar… será el día más triste de mi vida. Cuando hablo de esto se me hace un nudo en la garganta porque me da mucha pena, es mi vida. No sé hacer nada más, es lo que más me gusta. Yo disfruto haciendo mi trabajo.”

-“Con tanto tiempo que llevas en esta parada, seguro que hay anécdotas divertidas. explícanos alguna anécdota que hayas reído mucho.”

-“¡Uff!… Ha habido tantas que ahora no me viene una en concreto. Alguna vez que viene alguna señora y dice alguna animalada… Por ejemplo, vino una vez una señora mayor que nos dijo que quería hacer sepia con albóndigas, preguntando como se hacía, como se hace…

Y le dije –‘Pues señora, si con su edad no aprendido, ya no lo va a aprender. En fin, tonterías…”

-“¿Para ti quien es el rey de los pescados?”

-“Uno de los que más me gustan es un buen rape. La merluza no es que sea un pescado que me mate mucho… el mero, un buen gallo de San Pedro, un rodaballo salvaje al horno…”

-“¿Y el mejor marisco?”

-“La gama de la cigala, la langosta… una caldereta de langosta ¡uy!, unos chipirones… unas cigalas al horno. Una buena ‘tallarina’ está muy buena. “

-“Joana, muchas gracias”

-“A vosotros”

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